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La digitalización, el gran reto del sector industrial

La llegada de la industria 4.0 plantea un cambio radical para las empresas, lejos de limitarse a optar por la introducción de tecnologías.

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Primero fue la máquina de vapor de James Watt, en la segunda mitad del siglo XVIII. 150 años más tarde se estandarizó la producción en cadena y el uso del motor eléctrico y de combustibles como el gas y el petróleo. A finales del siglo XX llegaron la electrónica y las TICs, contribuyendo a un mayor nivel de automatización. Ahora, la industria se enfrenta a su cuarta gran revolución, basada en la adopción digital y el empleo de herramientas inteligentes. 

En un momento en que la digitalización está llegando a todos los sectores productivos y de la sociedad, la industria 4.0 actualiza el sector vinculado a fábricas y manufactura para buscar el máximo potencial, gracias a lo que el Ministerio de Economía e Industria denomina los “habilitadores digitales” en su estrategia de Industria Conectada 4.0. Con este término se refiere al conjunto de tecnologías que permiten “la hibridación entre el mundo físico y el digital”, transformando el sector en industria inteligente. 

Cuando se habla de industria 4.0 se tiende a pensar únicamente en el trabajo que se realiza en fábrica. Sin embargo, la digitalización de la industria incluye varios verticales, como la automoción, donde la integración de conectividad, inteligencia artificial o sistemas autónomos está muy avanzada a nivel del propio producto. Minería y metales, producción eléctrica, petróleo y gas, industria química o aviación son otros de los sectores que entrarían dentro de este proceso de digitalización industrial, según la Digital Transformation Initiative, un proyecto conjunto del World Economic Forum con la consultora Accenture lanzado en 2015. 

Para estas organizaciones, las siete tecnologías que tendrán mayor impacto, hablando de digitalización, serán la impresión 3D, la inteligencia artificial, los vehículos autónomos, big data y analítica en la nube, IoT y dispositivos conectados, robótica y plataformas de social media. Se trata de herramientas ya consolidadas, o por lo menos hacia las cuales existe un cierto consenso sobre su uso que hace que su implantación sea masiva; casos como el de la industria automotiva ponen de relieve que su despliegue puede llegar desde la cadena de fabricación al propio producto. Otras, como el blockchain, las consideran en un estado muy iniciático de su desarrollo, por lo que sus efectos en la industria no llegan todavía al nivel de las anteriores.    

El sector industrial deja, sin embargo, todavía mucho que desear en lo que se refiere a la tasa de adopción de estas tecnologías y herramientas de digitalización. A pesar de que la actitud de los equipos directivos ante la llegada de esta nueva realidad al sector es positiva, parece que les cuesta dar el paso. Deloitte, en su reporte The Fourth Industrial Revolution is here, detecta que los directivos de industrias en todo el mundo están todavía en una fase inicial de adopción del ecosistema digital. Esto mismo se deduce del informe de 2016 de McKinsey&Company, Industry 4.0 after the initial hype, realizado mediante entrevistas entre 300 expertos del sector industria de Estados Unidos, Japón y Alemania. De acuerdo al reporte, el nivel de optimismo acerca de los beneficios que la digitalización puede aportar a la industria se mantenía estable (67-74%) o se incrementaba (44%) en la mayor parte de los casos, con 9 de cada 10 apuntando hacia el mantenimiento o mejora de la competitividad gracias a el nuevo paradigma. Sin embargo, a la hora de respaldar financieramente esta percepción, las compañías fallan: únicamente destinan, de media, un 14% de sus presupuestos a temas de investigación y desarrollo vinculados a industria 4.0. Únicamente un 30% de proveedores de tecnología y un 16% de fabricantes tenían una estrategia en desarrollo. 

Este carácter reacio a dar el salto al ecosistema digital no es el único aspecto que deben trabajar las compañías presentes en mercados industriales. El analista de Forrester Paul Miller advierte que las compañías deben tener precaución de no limitarse a apostar por este nuevo entorno buscando una mayor eficiencia, sino que deben aprovechar la oportunidad que les brinda de crear relaciones con el cliente más sostenibles y beneficiosas, adaptándose a las demandas cambiantes. La digitalización propone un cambio de paradigma, un nuevo modelo de negocio orientado a la inteligencia; como explican desde Deloitte, no se trata de utilizar herramientas tecnológicas para llevar las empresas a la manera tradicional, sino de una evolución integral. La aplicación de los “habilitadores digitales” en entornos industriales transforma todo el proceso, desde la idea inicial a la cadena de producción, estableciendo nuevas formas de colaboración; la plantilla, que debe especializarse; la forma en la que se relaciona con el cliente y cómo se reciben las respuestas de este. El impacto de la industria 4.0 puede llegar a hacerse notar al nivel de toda la sociedad, como en su día pasara con las tres revoluciones industriales anteriores. 

Pese a que la adaptación está siendo lenta, sí que hay casos importantes de grandes proveedores industriales que han comenzado a prepararse para aprovechar todo el potencial de la digitalización. Forrester apunta los casos de General Electric, Bosch o ABB, empresas que están realizando importantes cambios e inversiones para actualizarse. Pero no se trata de un proceso exclusivo de los grandes nombres, sino que las compañías de menor tamaño están también abocadas a este escenario, y deben apostar por soluciones a la medida de sus posibilidades con las que sacar también partido de la digitalización. 

En resumen, el proceso de conversión a la industria 4.0 va más allá de una simple apuesta por mejorar las ganancias. Se trata de una transformación integral del modelo de trabajo y negocio de la industria, en una apuesta que todavía está empezando a visualizarse.



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